El panorama político de Petro, y el de Colombia, bajo la lupa tras la movilización masiva.
Las masivas protestas por la destitución e inhabilitación por 15 años del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, completaron su quinto día sin dar señales de debilitamiento.
Pero la pregunta de si la indignación generada por la medida puede lograr la suspensión de la sanción y, de paso, transformar la política colombiana –como pretende el alcalde– queda pendiente de respuesta.
Efectivamente, en la noche del viernes, el alcalde volvió a reunir a decenas de miles de personas en la céntrica Plaza de Bolívar de la capital colombiana: "Hay unas 60.000 y contando", le dijo a BBC Mundo uno de los asesores de Petro poco antes de que éste se dirigiera a los manifestantes.
Y se trató, sin duda, de la mayor de las movilizaciones desde que, el lunes pasado, la Procuraduría General de la República anunció la sanción en contra del funcionario por supuestas ilegalidades en la reforma del sistema de recolección de basura de la capital.
No fue, sin embargo, como quería Petro, "la mayor movilización popular en la historia de Bogotá", ni mucho menos.
Aunque el alcalde capitalino sí logró cumplir el segundo de sus objetivos: completar cinco días de movilizaciones masivas sin que se produjera ningún hecho de violencia.
"Independiente del tamaño, ya es inmensa, ya es gigante, ya es colosal, por el significado, por el rechazo a la felonía (del Procurador Alejandro Ordóñez)", le dijo además a BBC Mundo Carlos Arturo Velandia, un exguerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN) actualmente vinculado al Instituto de Estudios para la Paz de la Universidad de Barcelona, que es crítico de la sanción del Procurador.
Y en el mismo sentido se expresó Antonio Navarro Wolf, quien como Petro en su momento perteneció al movimiento guerrillero M-19 y fue protagonista del proceso de paz que permitió la desmovilización del grupo rebelde en 1990.
"Aquí la pregunta clave es si esto renace después del receso de Navidad y año nuevo. Si esto renace, cambió la situación política del país", le dijo Navarro a BBC Mundo minutos después de ingresar a la plaza.
"Poco a poco –lo hemos visto en las manifestaciones campesinas, en las manifestaciones estudiantiles– hay un renacer del movimiento popular", explicó el exguerrillero.
Y agregó: "Esto es algo que no vivíamos desde los años 70 en Colombia. Pasaron 40 años antes de que volviera a haber manifestaciones ciudadanas, muchas de ellas espontáneas, sin miedo (de la gente) a decir lo que piensa".
Ciertamente, la imagen de una plaza abarrotada hasta el punto de desbordarse por las calles adyacentes como resultado de una convocatoria hecha desde "la izquierda" no es algo común en Colombia.
Comparada con las manifestaciones de los días precedentes, la convocatoria del viernes también parecía un poco más amplia, con diferentes actores unidos en rechazo a una sanción que, según las encuestas, la mayoría de los colombianos considera cuanto menos excesiva.
"Se siente más fuerza, más comunidad con diferencias, con distintos manejos políticos", coincidió Blanca Cecilia Medina, de 60 años, una trabajadora social independiente que dijo no haber faltado ni un solo día a la plaza desde el inicio de las protestas.
En su discurso, sin embargo, el mismo Petro reconoció que uno de los principales retos del movimiento que lo apoya es "poder pasar como movilización ciudadana al año entrante", además de darle al mismo una dimensión verdaderamente nacional.
"Este movimiento ciudadano no se agota en las fiestas navideñas. No nos podemos dar ese lujo", advirtió el destituido alcalde.


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